Reiterando su compromiso para usar los combustibles de aviación (SAF), las aerolíneas vuelven a hacer un llamado a los Gobiernos para rebajar los costos de producción. Al inicio de la Asamblea General de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), critican la imposición de normativas que no se pueden cumplir.
En el último tiempo, las aerolíneas vienen aumentando sus compromisos para adquirir SAF. Para 2025, la producción se duplicará en comparación con 2024. Dicho aumento es positivo, aunque no exime la compleja realidad que vive el sector con una producción de SAF que sólo cubre el 0,7% del consumo total del carburante tradicional.
“Es necesario acelerar el ritmo de progreso para aumentar la producción y lograr eficiencias que reduzcan los costes”, declara Willie Walsh, director de IATA.
Reunida en Nueva Delhi, las aerolíneas insisten a los Gobiernos en contar con políticas públicas si realmente quieren conseguir las metas medioambientales. Con la baja producción y la imposición de normativas que escapan a la realidad, la cooperación público-privada que tanto se anuncia desaparece.
El problema de reglas que no van acordes a la realidad
Para las aerolíneas, la clase política continúa colocando medidas que no van acorde a la realidad. De continuar este enfoque no sólo entorpece el camino a la carbono neutralidad, sino que también se coloca en riesgo la sostenibilidad de la aviación. Las compañías aéreas no pueden pagar altas sumas para pequeñas cantidades de combustible que no va a contribuir significativamente al objetivo que se quiere.
Según IATA, es la realidad que ocurre en Europa. El Reino Unido y la Unión Europea están imponiendo reglas que sólo están elevando los costos. Así, una adquisición de SAF a precio de mercado de US$1.200 millones se agregan US$1.700 millones adicionales.
“Esto pone de relieve el problema de la implementación de reglas antes de que se creen las condiciones de mercado adecuadas y antes de que se establezcan salvaguardias contra prácticas de mercado irrazonables que aumentan el costo de la descarbonización. Aumentar el costo de la transición energética, que ya se estima en la asombrosa cifra de US$4,7 mil millones, no debería ser el objetivo ni el resultado de las políticas de descarbonización”, sentencia Walsh.
Tres focos urgentes para trabajar en SAF según las aerolíneas
A través de IATA, las aerolíneas piden a los Gobiernos trabajar en tres áreas claves para asegurar una correcta transición energética. Dos tienen relación con las ausentes políticas públicas que la aviación todavía pide, pero cuya respuesta es lenta para la presión política que se coloca.
Como primera área de trabajo, se deben eliminar la desventaja que enfrentan los productores de energía renovable en comparación con las petroleras. De esta manera, se podrá aumentar la producción de SAF a un menor costo. Los Gobiernos deben redireccionar los subsidios a los combustibles fósiles a la energía renovable.
Las políticas públicas de los Gobiernos deben incluir al SAF, pero con una proporción adecuada que las aerolíneas pueden cumplir. Se pide un enfoque integral a nivel de infraestructura y producción con una serie de medidas que realmente aporten a la transición de la aviación.
A través de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), los Gobiernos deben asegurar el éxito del Esquema de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA, por sus siglas en inglés) para abordar las emisiones de CO2 que genera la aviación. A la fecha, Guyana es el único país que pone a crédito de carbono para que las aerolíneas los adquieran dentro de las obligaciones de CORSIA.