¿Qué es el LTAG y qué función cumplen para alcanzar la descarbonización de la aviación?

El LTAG es un acuerdo histórico a nivel de OACI para fijar la meta de descarbonización de la aviación. La industria pide a los Gobiernos políticas concretas en la materia.
avión medio ambiente
Fotografía: Lufthansa Group

El Objetivo Aspiracional a Largo Plazo (LTAG, por sus siglas en inglés) es la meta fijada para la descarbonización de la aviación hacia 2050. Se aprueban en la 41ª Asamblea General de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), celebrada en octubre de 2022, en la que los Estados aprobaron un plan para lograr la neutralidad de las emisiones contaminantes a la atmósfera.

Se trata de un acuerdo político histórico en cuestiones relacionadas con la aviación internacional y el cambio climático. A pesar de que algunos países -como China- no lo aprueban se consideran al LTAF como un paso fundamental para alinear a los Estados con los marcos establecidos en el Acuerdo de París.

“La importancia del acuerdo LTAG no puede subestimarse”, dice Willie Walsh, director general de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) en 2022. "El compromiso de la industria de la aviación de lograr cero emisiones netas de CO2 para 2050 requiere políticas gubernamentales de apoyo”.

El LTAG no atribuye obligaciones o compromisos específicos en forma de objetivos de reducción de emisiones a cada Estado. Si reconoce que las circunstancias especiales de cada Estado y sus respectivas capacidades. Por ejemplo, el nivel de desarrollo, la madurez de los mercados aeronáuticos, crecimiento sostenible, la transición justa y prioridades de cada país sobre el transporte aéreo.

Cada Estado tiene la capacidad para contribuir al LTAG dentro de su propio marco temporal. Por tal motivo, los planes regionales -como los que propone la Asociación Latinoamérica y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA)- son aceptados por OACI.

“Cada Estado contribuirá a alcanzar el objetivo de una manera social, económica y ambientalmente sostenible y de acuerdo con sus circunstancias nacionales”, enfatiza la OACI.

Claves para la descarbonización

Según IATA, alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050 requiere el avance en varios puntos clave. El primero, se debe incentivar la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF), que pueden reducir drásticamente la huella de carbono del sector. En paralelo, urge implementar políticas públicas alineadas con el LTAG en cada país, permitiendo la adopción de medidas concretas para reducir emisiones.

La aprobación del LTAG se logra tras intensas negociaciones que reconocieron las diferencias económicas entre los Estados, un aspecto fundamental para alcanzar acuerdos multilaterales efectivos.

Al igual que las aerolíneas, los aeropuertos agrupados en el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) destacan la necesidad de que los reguladores apoyen el desarrollo e implementación de planes de acción para la descarbonización en infraestructura.

“Ahora necesitamos reguladores que respalden el trabajo de los aeropuertos en la implementación de sus planes de acción, así como una mayor colaboración entre todas las partes interesadas para aumentar la disponibilidad de energía renovable, financiamiento y nuevas tecnologías", dice Luis Felipe Oliveira, ex director de ACI.

Junto al LTAG, los Estados apoyan a CORSIA

En la 41ª Asamblea General de OACI, los Estados reafirman el respaldo al Esquema de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA). Se trata de un mecanismo permite gestionar la huella de carbono del sector mediante medidas de mercado y busca estabilizar las emisiones de la aviación en un 85% respecto a los niveles de 2019.

Para IATA, es importante que los Gobiernos no socaven la base que une a CORSIA. Según Walsh, es la única medida económica para gestionar la huella de carbono de la aviación internacional.

En esa ocasión, la aviación también pide a las autoridades evitar el aumento de la carga tributaria sobre la aviación. Hoy, muchos impuestos ecológicos terminan destinándose a fines fiscales sin una aplicación real en la protección del medio ambiente. Además, insta a evitar medidas redundantes o duplicadas que puedan afectar la competitividad de la industria.