El freno silencioso al desarrollo de la aviación en América Latina

La aviación en América Latina muestra resiliencia y solidez, pero enfrenta trabas que frenan su crecimiento. Menos impuestos, mayor apertura y mejor uso de infraestructura son claves.
Federico do Reis, CEO de INFORM
Federico do Reis, CEO de INFORM. Fotografía: INFORM

Por Federico do Reis, CEO de INFORM para Latinoamérica

En el reciente Wings of Change Americas quedó en evidencia una paradoja que hoy define a la aviación en América Latina. En un escenario global continuamente cambiante, hoy marcado por el alza sostenida del combustible y la incertidumbre geopolítica, la industria sigue demostrando una resiliencia única para adaptarse y continuar creciendo. Un desempeño especialmente significativo si se considera el golpe que supuso la pandemia y las crisis posteriores, así como la confiabilidad de los motores.

Lejos de la fragilidad de otros ciclos, las aerolíneas exhiben hoy mayor solidez financiera y operaciones eficientes tras implementar tecnología de clase mundial. Casos como LATAM Airlines dan cuenta de balances más robustos. Paralelamente, procesos de consolidación como el del Grupo ABRA reflejan una industria fortalecida que ha ganado escala para enfrentar mejor los vaivenes de nuestra región. Hay una base más firme para crecer, pero ese crecimiento continúa por debajo de lo que la propia industria reconoce como posible.

La sensación es clara. La expansión debiera ser bastante más acelerada. Con apenas 0,6 viajes por habitante, la distancia respecto de economías como España no solo evidencia una brecha, sino también una oportunidad aún inconclusa. La pregunta es ¿cuánto desarrollo estamos dejando pasar? En ese rezago también se juega la capacidad de generar mayor riqueza. El turismo lo ilustra con nitidez, pues mientras México se ha consolidado como un polo de atracción global, países como Argentina, Chile e incluso Brasil, siguen rezagados con una marca “país” y estrategia de turismo poco articulada.

Cada viajero que llega representa ingresos, empleo y dinamismo económico. En ese sentido, la conectividad deja de ser un lujo y pasa a ser una herramienta directa de desarrollo. El principal freno, sin embargo, no radica en la capacidad de la industria, sino en las condiciones bajo las cuales opera. América Latina combina una elevada carga impositiva con márgenes particularmente estrechos, lo que la vuelve especialmente vulnerable a variaciones de costos como el combustible. En ese contexto, el traspaso a tarifas resulta difícil de evitar y termina afectando la demanda. No se trata de que el Estado financie a las aerolíneas, sino de generar condiciones que les permitan operar con mayor flexibilidad. Por ello, reducir la carga impositiva no es un privilegio, es una condición para no restringir el acceso a volar.

Asimismo, la experiencia comparada es elocuente, ya que los mercados más abiertos, con esquemas de cielos abiertos como los que Chile impulsó tempranamente, tienden a dinamizar la economía en su conjunto, contando hoy con una tasa de 1,2 viajes por habitante, el doble del promedio en la región.

Y es que la aviación no solo transporta pasajeros, pues tiene un efecto multiplicador en la economía, donde por cada empleo directo surgen más de cinco adicionales de manera indirecta. A esto se suma un desafío menos visible, pero igualmente relevante, que no pasa por construir más infraestructura, sino por aprovechar mejor la existente, evitando aeropuertos subutilizados por restricciones horarias y la congestión en hubs mediante mayor eficiencia operativa y uso de tecnología. En este cuadro, los Gobiernos cuentan con una oportunidad para avanzar en la descentralización; no obstante, persiste la paradoja de emplazar a las líneas aéreas a liderar este proceso sin un marco regulatorio claro ni incentivos de largo plazo que lo sustenten.

La invitación, entonces, es a cambiar la mirada. Entender la aviación como un motor de desarrollo económico, y no solo como una fuente de recaudación, es fundamental. Porque desregular para crecer no es una consigna, es una decisión que define el rumbo. De ella depende si la región convierte su potencial en crecimiento real o si, una vez más, deja pasar la oportunidad y posterga su propio despegue.