Bajo una mirada de “juicio de la historia”, Juan José Tohá, director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de LATAM Airlines Group, aborda el desafiante momento que enfrenta la aviación y sus metas medioambientales hacia 2050. De cara a una nueva Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP), que se llevará a cabo este año en Belém, Brasil, reconoce que, si bien la meta está clara para los próximos años, tanto la aviación como otras industrias no tienen un camino conocido para alcanzarlas.
En el encuentro “COP30: una mirada público-privada Brasil – Chile”, organizado por la embajada de Brasil, el ejecutivo señala que la descarbonización es uno de los desafíos más difíciles. El propio proceso genera incertidumbres, especialmente cuando los costos son altos y los resultados no están claro.
A nivel global, algunas compañías aéreas están revisando sus metas medioambientales para el corto plazo. Una decisión que no es fácil, pero dado un contexto realista es casi imposible de cumplir. Frente a esto, Tohá es claro: señala que, pese a toda adversidad, LATAM seguirá adelante con sus metas de sostenibilidad.
“La verdad es que veo este momento difícil. No sé si es uno más de los que vendrán, pero no puede ser una excusa para no hacer nada. Las futuras generaciones nos van a juzgar por las decisiones que tomemos en este periodo de la historia y por la capacidad que tengamos de enfrentar momentos difíciles”, señala el director de Asuntos Corporativos y Sostenibilidad de la principal aerolínea latinoamericana.
Reconocer e integrar a escépticos y detractores
Considerando que el desafío medioambiental no tiene certezas y que los costos son más tangibles que las metas, el ejecutivo plantea que es lógico que aparezcan voces disidentes. Desde su perspectiva, forman parte de un proceso natural de esta nueva agenda, y que para tener éxito se deben considerar todas las variables.
“Esto no implica flexibilizar las metas ni nada parecido, pero sí creo que tenemos que escuchar por qué se genera este contexto difícil. Algunos ven el tema medioambiental como una amenaza al crecimiento y, por ende, se oponen. Creo que también tenemos que hacernos cargo de eso”, agrega Tohá.
Durante el conversatorio, enfatiza que la polarización no contribuye en nada a ningún objetivo. Solo entrampa las discusiones. Asimismo, aclara que no existen empresas buenas o malas; todas están aportando desde su propia perspectiva hacia un objetivo global.
Sostenibilidad: un pilar en el crecimiento de LATAM
En 2021, LATAM incorporó la sostenibilidad como un pilar en su quehacer diario. Su estrategia se alinea con el objetivo macro de la industria aérea de alcanzar cero emisiones hacia 2050. En el camino, traza objetivos ambiciosos, como ser cero residuos a vertedero en 2027 o utilizar un 5 % de combustibles sostenibles de aviación (SAF) en 2030, aun cuando en la región no existan políticas públicas para su producción y comercio.
La estrategia de sostenibilidad de LATAM considera cuatro ejes: creación de un sistema de gestión ambiental, cambio climático, economía circular y valor compartido. Todos estos pilares consideran un enfoque realista en cuanto a políticas, geografía y demografía en los territorios donde opera la compañía.
Abordar el tema medioambiental en la vida diaria de una empresa es una forma de devolver al planeta el costo que implica operar, aun cuando se entregue un bien público. En ese sentido, Tohá afirma que sería absurdo pensar en un mundo sin aviación, ya que se privaría a la sociedad de muchas actividades esenciales. Desde su perspectiva, sería como pedir derechos a la salud, pero sin que la gente tenga acceso a hospitales.

¿Y el rol de lo público? La responsabilidad pendiente del Estado, según Tohá
Habitualmente, la política hace ver a las empresas prácticamente como las únicas responsables del impacto medioambiental. Sin embargo, existe una contraparte esencial cuya responsabilidad está en la política. Lo público es fundamental ya que impone las regulaciones y, en este caso, las metas establecidas en el Acuerdo de París.
El objetivo medioambiental depende de un equilibrio que hoy parece no estar dándose. Por ejemplo, nivel de aviación, la industria busca llegar a cero emisiones con el uso de SAF, nuevos aviones y mayor eficiencia, pero se topa con una falta de proactividad por parte de los Gobiernos.
Recientemente, un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT), financiado por Airbus y LATAM, afirma que sin políticas públicas para producir y comercializar SAF, los costos de operación pueden triplicarse. De ocurrir esa realidad, muchas personas podrían verse privadas de volar y, con ello, de realizar muchas actividades.
La falta de políticas en torno al SAF en la región es solo uno de los temas que reflejan la responsabilidad pendiente de los gobiernos frente a la problemática medioambiental. En lo inmediato, también están pendientes aspectos regulatorios para hacer un uso más eficiente del espacio aéreo, los costos asociados al reciclaje o la falta de optimización en el uso de la infraestructura aeroportuaria, entre otros. Por ejemplo, en el aeropuerto de Santiago todavía no se pueden realizar operaciones paralelas en las pistas porque la autoridad no lo permite.
“Todas esas ineficiencias son producto de decisiones públicas, y las compensaciones las paga el sector privado. Me parece que, si el privado emite más, debe pagar más, pero el Estado también debería asumir los costos por las normativas que se necesitan, pero que aún no se hacen”, puntualiza.