El llamado “estallido social” de Chile en 2019 es el evento político más importante del país desde el regreso a la democracia. Un episodio controvertido que desata marcado por la insurrección contra las instituciones establecidas y la violencia desatando una crisis sin precedentes en Chile.
La violencia extrema se toma Santiago y las principales ciudades del país desde el 18 de octubre. En un infructuoso intento por devolver el orden, el desconcertado gobierno del Presidente Sebastián Piñera establece un estado de emergencia en todo el país afectando el libre desplazamiento de los ciudadanos.
Como consecuencia, cientos vuelos domésticos e internacionales son cancelados. La imposibilidad desplazamiento entre las ciudades y los aeropuertos implica el pernocte de pasajeros en la terminal. A su vez, los hechos de violencia dificultan que las tripulaciones lleguen a sus vuelos aumentando las cancelaciones.
“El 18 de octubre fue un día marcado por la confusión”, señala un ejecutivo clave del sector aeroportuario en Chile. “Toque queda, impuesto sin previo aviso, tomó por sorpresa a los trabajadores del aeropuerto, a las aerolíneas y también a los servicios públicos”.
Otra fuente cercana al gobierno de la época confirma que la caótica situación. Reconoce que ningún sector es capaz de visualizar el dantesco escenario político para un país calificado como el “emblema de Latinoamérica” por la estabilidad institucional.
La percepción local también es compartida desde el extranjero. En Brasilia, por esos días se reúne la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo (ALTA) en su tradicional Foro de Líderes y el tema de la violencia política del país comentario obligado.
“¿Qué le pasa a Chile es el comentario más repetido en los pasillos del evento?”, es algo que se repite en esa época. Muchos ejecutivos de la industria, prácticamente, no podían creen como un ejemplo se sumía en el caos bajo la inacción de sus autoridades.
En medio de la falta de liderazgo de las autoridades de la época, los esfuerzos para volver a la normalidad quedan en manos prácticamente de cada sector. La comunidad aeronáutica apela a sus relaciones habituales para devolver rápidamente la conectividad a un país paralizado por la violencia política.

Estallido en los aeropuertos de Chile y la preocupación por la infraestructura
Las consecuencias del estallido social en los aeropuertos prácticamente se ven en los días posteriores al 18 de octubre. El impacto de medidas descoordinadas sin previo aviso genera confusión en el sector.
Uno de los puntos más complejos está en los permisos diarios para los taxistas y servicios de transporte que trasladan a las tripulaciones. En el aeropuerto de Santiago, la falta de información, coordinación y los hechos de violencia, fuerza a la paralización de los vuelos.
La Asociación Chilena de Líneas Aéreas (ACHILA) confirma ese ambiente. Anticipa que la situación del 18 de octubre repercutirá negativamente en el transporte aéreo chileno.
“Al igual que el resto de la población, el personal de las líneas aéreas y de las empresas de servicios complementarias a las operaciones, también está expuesto a las dificultades de acceso al terminal, y que se agudizan ante un toque de queda, pues la obtención de salvoconductos no ha sido fluida”, dicen en ese momento.
Para los viajeros la confusión también reina. Uno de los puntos que levanta más desafíos es quién podía viajar, la documentación y como brindar acceso a los pasajeros a la terminal. Muchos pasajeros no logran entender ni menos normalizar la situación.
En regiones de Chile la confusión también reina producto del estallido de la violencia . La principal preocupación está en los posibles ataques de los insurrectos a la infraestructura de los aeropuertos y la falta de dotación policial. Se trata de un tema no menor considerando la escasa -y a veces no siempre presente- dotación de Carabineros (policía) en muchas terminales aéreas.
Esfuerzos para devolver conectividad aérea
Con la capacidad operativa instalada, la prioridad para devolver y asegurar la conectividad aérea de un Chile es asegurar que las tripulaciones de vuelo y personal aeroportuario pudiesen desempeñar sus funciones con total seguridad. Ante la falta de liderazgo desde el gobierno central, clave es el rol que queda sector desempeña.
En Santiago lo más complejo es cambiar los permisos diarios para los servicios de transporte por semanales. Se trata de un punto fundamental para la comunidad aeroportuaria dado que era inviable que los conductores solicitaran permiso día a día. Otro trabajo clave es con la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) para que las credenciales aeroportuarias (TICA) consideraran un salvoconducto.
Distintas fuentes de líneas aéreas chilenas y los aeropuertos dicen que los ministros no estaban preparados para reaccionar. Sin embargo, aún en medio de la crisis que vive el país reconocen la voluntad de gestionar soluciones, especialmente desde la cartera de Transportes y Telecomunicaciones, así como de la subsecretaría de Turismo dependiente del Ministerio de Economía.
Con los traslados asegurados, los vuelos comienzan a reanudarse en los días posteriores al 18 de octubre. Sin embargo, la situación país todavía coloca desafíos para que las líneas aéreas operen todos sus itinerarios programados.
En los aeropuertos destaca la atención de emergencia a los viajeros. Para Santiago, la concesionaria Nuevo Pudahuel coloca 5.000 camas de campaña en la terminal para atender los viajeros, así como organizar servicios de alimentación con los locales de comidas y bebidas subconcesionados.
Si bien las cancelaciones continúan en los días siguientes al 18 de octubre. La coordinación interna a nivel de la industria aérea permite devolver gradualmente los vuelos a los pocos días de iniciada la crisis. LATAM, por ejemplo, destaca la normalización de su operación al 23 de octubre, salvo en sus vuelos nocturnos a Punta Arenas por el toque de queda.
Impacto
El impacto del llamado estallido político de Chile de 2019 repercute en el tráfico aéreo, pero también en la imagen de Chile. Después de varios años de crecimiento, el sector enfrenta su primera y drástica caída de la que tardará en recuperarse.
De acuerdo con datos de la Junta Aeronáutica Civil (JAC), el tráfico aéreo de pasajeros cae en octubre un 6% respecto a igual mes del anterior. En los vuelos internacionales, la caída llega al 8,2%, mientras que en tramos domésticos es de un 4,3%, reflejando la rápida recuperación de capacidad.
Para noviembre, el tráfico de pasajeros sufre una caída más significativa de un 8,6% determinada por la baja significativa de los pasajeros internacionales 10,8%. Sin embargo, pese a la recuperación de la capacidad el movimiento aéreo dentro del país se profundiza con una baja de 7,2% respecto a igual mes de 2018.
El movimiento de pasajeros recién comienza a recuperarse en diciembre, aunque con cifras negativas de 1,8%. En enero, pese a que la violencia continúa, el transporte aéreo de pasajeros vuelve a números azules con un alza de 0,1%.

Pese a la recuperación, el estallido y la violencia en Chile afecta gravemente la imagen del país a nivel no sólo institucional, sino que a nivel de turismo y como destino seguro para cualquier actividad. Distintas fuentes consultas -pero que prefieren mantener su anonimato- concuerdan que el país no es el mismo ven con dificultad un pronto retorno a los años anteriores, especialmente, por la excesiva polarización e incapacidad del sector político para dar soluciones.
Algunos resultados de compañías aéreas extranjeras también reflejan el impacto del clima en sus balances. Uno de estos es Air France – KLM que por ese año programa una capacidad histórica en sus vuelos a Santiago.
“La red en América Latina mostró una tendencia a la mejora, pero continúa mostrando ingresos negativos (-4,2%) como consecuencia del contexto geopolítico y económico que sigue siendo un desafío en Argentina, Brasil y Chile”, dice Air France – KLM en los resultados del cuarto trimestre 2019.