Las largas filas en migraciones en muchos aeropuertos de Latinoamérica y el mundo es un tema de nunca acabar. Dotaciones insuficientes de personal para el procesamiento de aeropuertos, falta de infraestructura y tecnología, más a veces una cuota de compromiso de los organismos públicos en asegurar una buena, efectiva y eficiente calidad del servicio, generan inconvenientes para miles de pasajeros.
De acuerdo con la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), los niveles óptimos en el tiempo del proceso (fila y control) en migraciones en los aeropuertos no debe pasar los 5 minutos para un control automático y 10 minutos para un control presencial. Mientras que el espacio óptimo debe ser entre 1,0 a 1,2 metros cuadrados (m2) por persona.
Sin embargo, en muchos países el respeto por los tiempos poco se cumple transformando la entrada a los países en una experiencia negativa al viajero. Los casos están por todo el mundo. Cómo olvidar las filas eternas en el aeropuerto de Marrakech en los últimos veranos, las demoras en Ámsterdam, filas en Adolfo Suárez en Madrid o los problemas reiterados que ha presentado Santiago de Chile. También hay casos positivos como Bogotá, Dubái o Lima (aunque todavía parcial) donde a través de la tecnología han dado progresos significativos.
En la industria aérea del turismo están convencidos que en el corto plazo podría redefinirse control de migraciones en los aeropuertos. Según el informe “Mejores Fronteras” del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) en colaboración con SITA, la adopción de “fronteras inteligentes” —basadas en tecnología digital, biometría e identidades electrónicas— podría generar más de US$401 mil millones adicionales al Producto Interno Bruto (PIB). Además, podría crear 14 millones de empleos para 2035.
Los organismos enfatizan que los mayores beneficios de esta modernización estarían en países del G20, la Unión Europa y también África. Sin embargo, no hay dudas que otras regiones del mundo como América Latina y el Caribe podría verse también beneficiadas.
Un cambio para el sector aeroportuario
El concepto de fronteras inteligentes propone una gestión fronteriza moderna, segura y ágil que combine innovación tecnológica con cooperación internacional. Para la aviación comercial, esto significa flujos de pasajeros más fluidos, reducción de tiempos en aeropuertos y una mejora sustancial en la experiencia del viajero.
“La reputación de un país comienza en su frontera. La tecnología nos permite ahora alcanzar lo que antes parecía imposible: fronteras más seguras y viajes más fluidos”, dice Gloria Guevara, CEO interina del WTTC.
Desde su perspectiva el control migratorio es la primera impresión de un país, especialmente en lo que respecta al turismo. La razón es sencilla: define la entrada al destino y es la cara que recibe el viajero. Por lo tanto, el tipo de experiencia marca al viajero.
Las soluciones tecnológicas están presentes desde hace años en el mercado. Por lo tanto, abordarlas simplemente requieren la voluntad de los Gobiernos por adquirirlas y el compromiso de los organismos públicos en ofrecer un buen servicio.
El control migratorio es una de las preocupaciones para muchos países, especialmente, cuando distintas oleadas y la falta de control lo han convertido en una amenaza para la seguridad. Por lo tanto, urge abordarlos con datos confiables y sistemas interoperables. De esta manera, los Gobiernos pueden anticipar amenazas, optimizar recursos y optimizar los procesos en los aeropuertos como el control de fronteras.
“La clave está en la capacidad de confiar en la información de identidad que sustenta cada decisión”, señala Pedro Alves, vicepresidente senior de Fronteras SITA, una de las empresas globales líderes en la materia.

Según esta compañía el control de fronteras no debe desaparecer, sino que transformar. En el siglo XXI cuando los viajes son una realidad cotidiana de muchas personas los pasos por migraciones en los aeropuertos deben ser dinámicas, integradas y fluidas. Esto no solo fortalece la seguridad nacional, sino que impulsa el turismo y el comercio internacional-
Desde Thales, otra compañía referente a nivel mundial, tienen una opinión similar. En los aeropuertos, el control de migraciones debe combinar el tránsito rápido de las personas con elevar la seguridad ante las nuevas amenazas.
“Todos los temas geopolíticos que están pasando en los países hacen que el tema migratorio se vuelva algo crítico. Entonces, el gran desafío es controlar de manera segura, pero a la vez eficiente, pero sin afectar parte de la comodidad”, sentencia Pablo Jury, gerente de Marketing y Canales de Thales para Biometría e Identidad en Latinoamérica.
En conversación con “El Aéreo”, hay un escenario complejo y altamente desafiante no sólo en temas de amenazas, sino que también de experiencia al pasajero y ciberseguridad. Por lo tanto, enfatizan que el objetivo es identificar y controlar a las personas, pero sin afectar la experiencia.

La preferencia del viajero por la biometría
El informe “Mejores Fronteras” refleja una clara preferencia de los pasajeros por procesos digitales. Un 75% prefiere usar biometría en lugar de métodos manuales, y el 85% está dispuesto a compartir sus datos por adelantado si eso garantiza una experiencia más fluida. Este cambio de actitud abre la puerta a una colaboración más estrecha entre aerolíneas, aeropuertos y gobiernos para crear ecosistemas digitales centrados en el viajero.
La biometría ya es una tendencia en la industria aérea. Según la Encuesta Global de Pasajeros 2025 de IATA, la mitad de los viajeros ha utilizado esta tecnología, sobre todo en controles de seguridad (44%) y fronteras de salida (41%). Su uso ha crecido casi 20 puntos desde 2022, y el 85% de los usuarios se declara satisfecho. Además, el 74% de los pasajeros estaría dispuesto a compartir información biométrica si eso elimina la necesidad de mostrar documentos físicos. No obstante, un 42% plantea inquietudes sobre privacidad y protección de datos.
Entre el 05 y 06 de noviembre, se desarrolló en Montreal, el 20° Simposio del Programa de Identificación de Viajeros (TRIP) de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). En esa ocasión, SITA enfatizó el papel de las Credenciales de Viaje Digitales (DTC) como solución para aliviar la presión control migraciones en los aeropuertos, mejorar la seguridad y facilitar los movimientos transfronterizos.
Michael Zureik, director de Estrategia y Alianzas de Viaje Digital en SITA, subrayó que “una frontera es tan fuerte como las identidades en las que confía”. Las DTC permiten pasar de datos fragmentados a identidades digitales verificadas, integrando información biométrica y del pasaporte. De esta manera, se pueden agilizar evaluaciones de riesgo y controles fronterizos automatizados.
Zureik concluyó que la adopción de identidades digitales confiables no solo fortalecerá la seguridad, sino que también permitirá definir el futuro de la movilidad global. Para ello, es fundamental poner en práctica la cooperación más estrecha entre los Gobiernos, organismos multilaterales y la industria aérea.

Un motor de crecimiento económico
El WTTC estima que, para 2035, el sector de viajes y turismo representará US$16,5 mil millones del PIB global y el 12,5% del empleo mundial. Sin embargo, alcanzar este potencial dependerá de la capacidad de los Gobiernos para modernizar sus sistemas fronterizos.
El informe “Mejores Fronteras” identifica seis principios clave y 18 recomendaciones para lograrlo. Entre ellas destacan, la digitalización total de visados y autorizaciones de viaje; la adopción de identidades digitales y biometría para agilizar controles; la preaprobación de viajeros antes de su llegada, reduciendo la congestión en aeropuertos; cooperación más estrecha entre los ministerios de turismo, seguridad y finanzas; el establecimiento de relaciones digitales directas con los viajeros.
En la organización, consideran que estos pasos harían más eficiente el tránsito internacional. También convertirían a las fronteras en “activos” para impulsar el crecimiento y generar empleo. Respecto a este punto, las autoridades políticas deben tener la determinación en cambiar la mirada tradicional del sistema y -probablemente- ahí esté uno de los desafíos más inmediatos.