Hoy, la elección presidencial en los Estados Unidos toma protagonismo en el mundo, incluyendo la aviación. Como muchas industrias, el sector seguirá de cerca el conteo de votos que determinará si Kamala Harris es la nueva Presidente o el poder vuelve a Donald Trump.
A diferencia de otras elecciones, para la aviación de los Estados Unidos el proceso tiene una particularidad. Por primera vez, los dos contendores presentan diferencias importantes en medio de una fuerte polarización y después de una administración compleja para el sector.
Para las aerolíneas y también para la industria de la defensa, no da lo mismo quien gobierne. Una continuidad de las políticas de la administración de Joe Biden bajo una eventual administración de Kamala Harris es vista con preocupación para el desarrollo del sector. Por el contrario, un retorno de Trump al poder se traduciría en un ambiente más favorable considerando el comportamiento bajo su gestión anterior.
Aviación llega a la elección de los Estados Unidos con críticas a Biden
De cara la elección en los Estados Unidos, Biden parece dejar una fuerte oposición en la aviación, especialmente entre las líneas aéreas. Su administración, se ha convertido en una fuerte barrera para los necesarios procesos de consolidación por las revisiones y bloqueos aplicados.
Para el actual Mandatario, la competencia en la aviación de los Estados Unidos tiene una máxima prioridad. Desde el inicio de su mandato, deja en claro su intención de proteger al consumidor frente a una tendencia de consolidación que -según el Presidente- restringen la oferta de servicios y elevan las tarifas aéreas.
La visión revisionista de Biden incluyen a las fusiones previas de aerolíneas y el acceso a aeropuertos y los programas de fidelidad de clientes. También aspectos de atención al cliente, precios y prácticas de recompensas.
Así, el gobierno de Biden bloquea acuerdos de negocios conjuntos (JBA, por sus siglas en inglés) entre American Airlines y JetBlue, además de la compra de Spirit por JetBlue. Algunos ya habían sido aprobados bajo el primer gobierno de Donald Trump. La única asociación que logra prosperar es la de Alaska Airlines y Hawaiian Airlines. Además, adopta una postura revisionista con distintas alianzas que deben renovarse como la de Aeroméxico y Delta, e indirectamente entre Allegiant y Viva.
Para la industria aérea, la consolidación es necesaria ante el aumento de los costos, las crisis y ciclos económicos más frecuentes. Se trata de una respuesta natural a un mundo cada vez más incierto con multiplicidad de actores capaces de influir globalmente.
En el sector, reconocen que la visión de Biden dificulta la consolidación de la aviación. Por lo mismo, la elección presidencial entre Harris y Trump es clave porque determinarán una continuidad o no de las políticas de la actual administración. Muchos consideran que de seguir la política revisionista será un riesgo para el desarrollo del transporte aéreo, especialmente, para operadores más pequeños.
En los últimos días, representantes de importantes aerolíneas solicitan formalmente a la División Antimonopolio del Departamento de Justicia que considere la realidad de la industria aérea y solicite información completa antes de tomar sus decisiones. Desde la aviación consideran que es esencial que el gobierno tome el tiempo adecuado para analizar los datos antes de tomar decisiones adecuadas. La recopilación apresurada de información podría tener un impacto negativo tanto en las aerolíneas como en los consumidores finales, al reducir la eficiencia operativa y poner en riesgo las opciones de viaje.
Otro punto en que la administración Biden levanta críticas es el desarrollo de normativas con las que busca establecer compensaciones por demoras. A través del Departamento de Transporte (DOT), los Estados Unidos está forzando a las aerolíneas a establecer compensaciones por demoras independiente si es atribuible o no al operador. Además, está la exigencia de reembolsos automáticos cuando las aerolíneas cancelen o realicen un cambio significativo en el vuelo programado dentro, desde o hacia los Estados Unidos. La nueva medida aplicará cuando no se ofrece o el consumidor se rechaza un transporte alternativo, créditos para viaje, vouchers u otras compensaciones.
Visiones alternativas
Trump promete reducir la intervención gubernamental en el sector aéreo. Afirma que una menor regulación incentivaría la innovación y mejoraría la competencia de las aerolíneas estadounidenses a nivel internacional. Sus propuestas apuntan a fomentar la inversión privada y permitir a las aerolíneas mayor libertad para operar en el mercado.

Siguiendo la línea de su administración anterior, no se opone a una consolidación del sector. Sería forma parte del ajuste natural del mercado que dará equilibrio entre crecimiento económico y tarifas accesible.
En materia de aranceles hay incertidumbre sobre si Trump volverá a aplicar cargos sobre importaciones. De aplicarse, podría derivar una nueva disputa a nivel de industria, especialmente entre los Estados Unidos y China, la que podría afectar los pedidos a Boeing como otros fabricantes estadounidenses. En esa línea, China podría acercarse aún a la Unión Europea favoreciendo a Airbus en lo que respecta a aviación.
Si Harris llega a la Presidencia anticipa un enfoque más alineado con la administración actual. Manteniendo una continuidad propone medidas adicionales de supervisión para garantizar que las aerolíneas ofrezcan en lo que considera “servicios justos” y “transparentes”. El objetivo es dar mayor protección al consumidor.
Punto a favor de Harris es el desarrollo de la infraestructura. La continuidad con el gobierno de Biden aseguran que las políticas podrían reforzarse tomando en cuenta las preocupaciones que existen con la modernización de aeropuertos.
Otro tema que levanta interés en la futura administración es el futuro de la gestión del control de tráfico aéreo. Uno de los problemas durante el gobierno de Biden es la falta de controladores aéreos que generan demoras significativas en los aeropuertos. Si bien el problema parece disminuir respecto a otros años, sigue siendo un desafío para la aviación de los Estados Unidos.

Presión medioambiental: un tema de debate
La presión política medioambiental estaría más presente bajo una administración de Harris suponiendo más desafíos para la industria. El gobierno de Biden plantea aumentar la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF) a 3 mil millones de galones anuales para 2030 y 35 mil millones de galones para 2050.
Para incentivar el uso propone créditos fiscales a los productores de SAF de hasta US$1,75 por galón. Los créditos vencen el presente año y los legisladores han presentado un proyecto para extenderlos hasta 2027. Sin embargo, la aprobación es incierta.
Trump supuestamente promete revertir las iniciativas medioambientales de Biden. No obstante, sus afirmaciones pueden ser consideradas como parte de su discurso de campaña más que una política de su gobierno por la fuerte presión de grupos de interés.
Donde podría haber preocupación sería en las fuentes de SAF. La aviación de los Estados Unidos demanda que estos nuevos combustibles consideran múltiples fuentes dada la necesidad de producción y uso. En ese sentido, consideran que los SAF provengan de cultivos agrícolas como derivados de aceites.
Una eventual administración de Trump podría inclinarse a mantener criterios de elegibilidad en materia de SAF. Su postura sería más favorable con el interés industria aérea. Harris, por su parte, podría tener una visión más estricta lo que supondría más desafíos para un sector altamente presionado.