Con el fin de atender las necesidades de la industria, la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos elevó una propuesta para acelerar la certificación de aviones. La intención también busca armonizar las regulaciones con la Unión Europea, las que en caso de concretarse permitirían acelerar los tiempos para las nuevas entregas.
La propuesta de la FAA de acelerar las certificaciones es transversal a los fabricantes. Si bien la presión en el país está en torno a Boeing, también podría ser provechosa para Airbus, Embraer y Bombardier.
De concretarse, la reforma representaría uno de los cambios más importantes en la certificación aeronáutica de los últimos años. De esta manera, se aceleraría la entrada en servicio de nuevas aeronaves sin comprometer los estándares de seguridad, uno de los puntos cuestionados a la autoridad aérea estadounidense durante los últimos años con la crisis en la producción de Boeing.
Más agilidad y cooperación
La propuesta de la FAA contempla la adopción de requisitos similares a los utilizados por la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) en la certificación. El objetivo de ofrecer un marco regulatorio más uniforme para todos los fabricantes.
Según la FAA, la armonización permitirá reducir costos de desarrollo, evitar duplicaciones en los procesos de certificación y simplificar los requisitos técnicos que actualmente deben cumplir los fabricantes durante la aprobación de un nuevo modelo. En ese sentido, la agencia de normas de aeronavegabilidad se mantendrá o podría incluso incrementarse fortaleciendo la seguridad.
La autoridad aeronáutica estadounidense también pretende disminuir la cantidad de exenciones, condiciones especiales y determinaciones equivalentes de seguridad. La reducción de estos procedimientos administrativos permitiría simplificar el trabajo tanto de los fabricantes como de la propia autoridad aeronáutica, agilizando la evaluación técnica de las aeronaves.
Un proceso que actualmente puede tardar años
La certificación de un nuevo avión comercial suele extenderse durante varios años, especialmente, ante la incorporación de nuevas tecnologías. Esto, debido a la gran cantidad de pruebas, análisis técnicos y documentación que deben presentar los fabricantes antes de obtener la aprobación. Los últimos casos del B737-7/-10 y de los B777-9 son el más claro ejemplo.
El administrador de la FAA, Bryan Bedford, ha impulsado diversas iniciativas para modernizar estos procedimientos. A comienzos de este año señaló que la autoridad trabaja junto a la industria en distintos proyectos destinados a identificar mecanismos para acelerar las certificaciones.