El Aéreo en Río de Janeiro, BrasilLas aerolíneas de todo el mundo están enfrentando un escenario paradójico en todo el mundo. Mientras el número de pasajeros continúa creciendo con una demanda por productos Premium, las aerolíneas viven un periodo de incertidumbre por el aumento de los costos tras la guerra de los Estados Unidos con Irán.
Según IATA, el alza del precio del combustible de aviación empinándose por los US$160 dólares por barril está colocando en riesgo los ingresos y beneficios para las aerolíneas. Afortunadamente, las ganancias de años anteriores más la demanda alta crean un “colchón financiero” que alivia -pero no disminuye- la coyuntura. Para 2026, se proyecta que más de 5.100 millones de personas viajen en avión durante 2026.
“Las aerolíneas están sufriendo las peores consecuencias del aumento del precio del combustible. Si bien las tarifas aéreas están subiendo, las aerolíneas aún absorben parte del incremento en sus ganancias”, comentó Willie Walsh, director de IATA.

Cadena de suministro sigue frenando el crecimiento
Uno de los principales problemas que tienen las aerolíneas en 2026 es la falta de aviones. La situación en la cadena de suministro, considerando con las demoras en la entrega de motores y mantenimiento preventivo, están forzando a retrasar la renovación de la flota.
Walsh criticó duramente a los fabricantes de motores. Instó a trabajar en soluciones para evitar que la crisis se extienda para la próxima década.
“Mi mensaje a los fabricantes de motores es simple: dejen de aprovecharse de nosotros y vuelvan a fabricar motores excelentes, funcionales y duraderos. Permitir que estas fallas se extiendan a la próxima década es totalmente inaceptable para los clientes”, puntualizó.
En mayo 2026, la cartera global de pedidos alcanzó los 18.100 aviones de líneas aéreas, una cifra superior a las 17.000 registradas en 2024. Este volumen equivale a más del 50% de la flota mundial actualmente en servicio, reflejando una demanda que sigue superando ampliamente la capacidad de producción. Sin embargo, los problemas en la cadena de suministro hace que todavía falten 5.000 por entregar.
Ante este escenario, las aerolíneas han debido extender la vida útil de sus aviones y aumentar las horas de utilización diaria. Sin embargo, estas medidas tienen límites operativos y financieros.
Además, para IATA la falta de aviones de nueva generación está impactando directamente en la sostenibilidad. Según IATA, por primera vez en la historia reciente, la industria no logró mejorar su eficiencia de combustible durante 2024 y 2025, ralentizando los avances en la reducción de emisiones de carbono.
El petróleo vuelve a convertirse en una amenaza
Las tensiones derivadas del conflicto con Irán han provocado un fuerte incremento en los precios del combustible para aviones. Se trata de uno de los mayores costos operativos para las aerolíneas que varía entre el 30% al 50%, según el modelo de negocios.
Según las últimas proyecciones de IATA, la rentabilidad global de las aerolíneas se reducirá a la mitad durante 2026. El beneficio neto conjunto caerá desde los US$45.000 millones obtenidos en 2025 a cerca de US$23.000 millones este año.
El impacto es significativo. El margen neto de la industria disminuirá desde 4,2% hasta apenas 2,0%, mientras que la ganancia promedio por pasajero transportado bajará de US$9,10 a solo US$4,50.
Pese a que las aerolíneas están trasladando parte de los mayores costos a las tarifas aéreas, el incremento del combustible está absorbiendo buena parte de los ingresos adicionales. Las aerolíneas más pequeñas y aquellas con balances financieros más débiles aparecen como las más expuestas a este escenario.
Riesgos económicos y electorales
Otro elemento que genera preocupación es el complejo contexto macroeconómico global. Durante 2026 más de 40 países celebrarán elecciones nacionales, incluyendo economías clave como los Estados Unidos, Brasil e Israel. Las decisiones que adopten los nuevos gobiernos podrían influir directamente en el desempeño de la industria aérea.
IATA advierte sobre el riesgo de un escenario de estanflación, caracterizado por bajo crecimiento económico y alta inflación. Este contexto podría afectar la capacidad de los consumidores para absorber el aumento de las tarifas aéreas durante períodos prolongados.
Las proyecciones indican que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial se desacelerará desde 3,4% en 2025 hasta 2,5% en 2026. La inflación aumentará desde 4,1% hasta 5,0%.
Infraestructura bajo presión
A los desafíos financieros y operacionales se suman las restricciones de infraestructura. Muchos aeropuertos están con limitaciones lo que complejiza las operaciones, desafío que crece con varios problemas en los sistemas de navegación aérea alrededor del mundo.
La creciente demanda de pasajeros está chocando con una capacidad aeroportuaria insuficiente en diversos mercados. Por lo tanto, limita el crecimiento de las aerolíneas y elevando los costos operativos.
A lo anterior, .las interrupciones derivadas de conflictos geopolíticos, especialmente en el Medio Oriente, siguen obligando a modificar rutas, cerrar espacios aéreos y reconfigurar operaciones. En consecuencia, aumentaron los tiempos de vuelos y el consumo de combustible, además de los gastos laborales.
Un sector resiliente, pero bajo presión
Pese a este complejo escenario, la demanda de viajes continúa mostrando fortaleza. IATA prevé que el factor de ocupación alcance un récord histórico de 84% durante 2026. Sin embargo, la combinación de alto precio del combustible de aviación, la escasez de aviones, incertidumbre económica y limitaciones de infraestructura configura un panorama desafiante para los próximos meses.
IATA destaca que la capacidad de adaptación de las aerolíneas será clave para mantener la rentabilidad. Desde Río de Janeiro, las aerolíneas reiteran que históricamente han operado márgenes estrechos por lo que cualquier alza de costos o de impuestos ponen más riesgos a una industria sumamente frágil ante los ciclos políticos y económicos.
“Se prevé que la ganancia neta por pasajero caiga a US$4,50, la mitad de lo que fue el año pasado. En estas circunstancias, demuestra resiliencia, pero ni siquiera alcanza para comprar un hot dog en la mayoría de las sedes de la Copa Mundial de la FIFA. Tampoco no deja mucho margen de maniobra en caso de que otros costos o impuestos comiencen a aumentar”, enfatizó Walsh.