Ryanair y los vuelos de bajo coste a los Estados Unidos: ¿posibilidad real o estrategia de marketing?

Por Ricardo J. Delpiano

Ryanair B737-800 (Ryanair)
Foto: Ryanair

Hace unos días, Ryanair –una de las aerolíneas más emblemáticas de los vuelos de bajo coste a nivel mundial- sorprendía con la supuesta aprobación por parte de su junta directiva del proyecto para lanzar vuelos transatlánticos de bajo coste hacia los Estados Unidos.

La noticia fue ampliamente difundida por la trascendencia que implicaba tanto para pasajeros como para la propia industria: vuelos de bajo costo entre Europa y Estados Unidos. Para los viajeros la posibilidad de volar barato entre ambos continentes (a 14 euros como trascendió) mientras que para el resto de las aerolíneas, representaba una fuerte presión competitiva que obligaría a muchas a adaptar su modelo de negocios. Los fabricantes por su parte, preparaban sus mejores cartas especialmente cuando Ryanair podría incurrir en la compra de aviones de largo recorrido (candidatos Airbus A330neo, A350 o Boeing 787). 
Sin embargo, la aclaración del anuncio llegó un par de horas después de la propia Ryanair, que indicaba que la noticia se trató de un error y que su junta directiva no había aprobado ningún proyecto de vuelos trasatlánticos y que la compañía no tiene intención de hacerlo, poniendo fin a cualquier esperanza de tener una aerolínea de ultra bajo costo volando entre Europa y Estados Unidos.
A nivel de industria, este tipo de noticias sorprenderían en otros casos pero no en Ryanair. Si bien la compañía califica de un "error comunicacional" el anuncio de su proyecto trasatlántico también se lo puede interpretar como una "equivocación intencional" propia de la estrategia de marketing característica de la compañía.
Desde su creación y especialmente durante los años de mayor crecimiento, Ryanair comúnmente suele anunciar noticias revolucionarias. “Vuelos con pasajeros de pie”, “asientos tipo bar en los aviones”, “el uso absurdo de los cinturones de seguridad”, “pagar por usar el baño del avión” o “volar con un solo piloto”, son algunos anuncios que ha realizado Michael O’Leary, CEO de Ryanair, con los cuales consigue que su compañía sea noticia en los principales medios de comunicacional de todo el mundo.
Si bien a nivel de industria es sabido que dicho tipo de anuncios son casi inviables, la compañía gana una amplia exposición en los medios y también en aquellos usuarios que buscan viajar más a precios más baratos, sin mediar en la calidad de servicio ofrecida en un aeropuerto o a bordo del avión. En palabras simples, un estrategia de publicidad gigantesca de bajo costo, ya que sin grandes esfuerzos con un par de frases polémicas la compañía consigue ser tema en cualquier lugar.
En ese contexto, se podría inferir que nunca estuvo en los planes realizar vuelos trasatlánticos pero si en anunciarlos para luego desmentirlos.
Una incursión en rutas trasatlánticas, le implicaría a Ryanair -o cualquier empresa similar-,  ajustar su modelo de negocios, comenzando por la adquisición de nuevas aeronaves con prestaciones adecuadas para un vuelo de esas características.
Actualmente, la compañía irlandesa dispone más de 300 Boeing 737-800 en servicio en rutas europeas y norafricanas. Como toda compañía de bajo coste, es su único tipo de aeronave, configuradas con la densidad máxima posible (189 asientos) y totalmente homogénea, que le permite mantener un CASK bajo (costo por asiento disponible por kilómetro). 
Ryanair no tiene contemplado incurrir en otro tipo de aeronave. La modernización de su flota está basada en la familia B737, ahora con los -800 más nuevos y en los próximos años con el nuevo B737 MAX 200, que permitirá acomodar a 200 pasajeros con un costo inferior en un 5% en comparación a los actuales B737-800. Ryanair ha firmado un compromiso de compra (MOU) por 100 de estos aviones con opción a otros 100 más. Las nuevas variantes de la familia B737 no permiten todavía operar vuelos trasatlánticos hacia un número importantes de ciudades de la costa Este de los Estados Unidos -como sería el supuesto plan de la firma irlandesa-, por lo que cualquier opción vendría de la mano si Boeing desarrollase su nueva versión con alcance similar al B757 y que Ryanair sea uno de sus clientes.
Ryanair B737-800 wingview (Max Bohn)
Foto: Max Bohn

Además de incurrir en la inversión de nuevos equipos, la compañía debe adaptar su operación a los vuelos de larga distancia. Una mayor cantidad de horas de vuelo por tramo implica una menor disponibilidad de la aeronave para operar rutas, obligando a la compañía a disponer de más unidades en el caso de atender la mayor cantidad de destinos posibles. En vuelos trasatlánticos, por ejemplo, necesitaría de uno o dos aviones por ruta, considerando la operación misma, contingencia y chequeos. En vuelos de corto alcance, como los que realiza en Europa, la compañía maximiza el uso de la flota, ya que un avión puede realizar varias operaciones en el día.

Otro factor que determinaría el cambio de estrategia sería el servicio ofrecido en función a las horas de vuelo y la distancia a recorrer. Si bien este puede ser pago o no, obliga a la compañía a invertir en otros ítems que no precisa en sus actuales operaciones, lo que tendría un impacto en las tarifas que el pasajero podría pagar.
Adicionalmente, se presentan otros tipos de costos fijos adicionales que se suman a la carga de la aerolínea, como el del personal –sujeto a la legislativa del país de destino, en este caso Estados Unidos-, el combustible, tasas adicionales existentes o que puedan venir, entre otros, todos los que incidirían en el precio final del pasaje.
Una opción más inmediata en el caso de que Ryanair decida realizar vuelos trasatlánticos de bajo costo es mudar este negocio hacia un modelo híbrido, entendido como la mezcla entre lo que se conoce como el bajo costo (low cost / low fare) y el llamado servicio “tradicional” de las aerolíneas. Una decisión ya adoptada por otros competidores del sector como Norwegian para sus vuelos de largo alcance o también para los planes de la filial de bajo costo de Lufthansa.
Hasta la fecha, ninguna aerolínea de bajo costo ha conseguido solventar vuelos de larga distancia con la misma estructura que en sus operaciones de corto y medio alcance. De los emprendimientos de este tipo todos han fracasado o mudado hacia un servicio híbrido, siendo este último el único camino viable para que el segmento de los vuelos baratos se expanda a nivel intercontinental.
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