Por Ricardo J. Delpiano
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| ACC Santiago. Foto: Ricardo J. Delpiano |
En 2013, la Asamblea General de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) aprobó el Plan Mundial de Navegación Aérea en su IV edición. La nueva carta de navegación obliga a las oficinas regionales –la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil, CLAC, en el caso de América Latina- que recomienden a los Estados actualizar sus respectivos planes de navegación aérea.
Según las directrices de OACI, la actualización de la navegación aérea se rige bajo dos lineamientos centrales: coherencia y homogeneidad regional.
En sintonía con lo anterior, la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC Chile) trabajó durante 2013 en una modernización de su espacio aéreo, bajo los conceptos de operaciones aeroportuarias, interoperabilidad de mundial de sistemas y datos, optimización de capacidad y vuelos flexibles y trayectos eficientes de vuelos.
De esta manera, el año pasado la autoridad aérea inició los estudios para el desarrollo de nuevas aerovías en el norte de país con un uso más eficiente del espacio aéreo. Lo que se busca es que en los operadores puedan ir disponiendo de nuevas aerovías que permitan volar más directo entre origen y destino, reduciendo con ello el consumo de combustible por el menor tiempo de vuelo.
Paralelamente, en 2013 se desarrollaron nuevos procedimientos de llegada y salidas (STAR/SID) en distintos aeródromos y aeropuertos del país. Según se detalla en la Cuenta Pública 2013 de la Institución, se crearon 26 nuevos procedimientos todos basados en tecnología satelital los cuales poseen una mayor exactitud y entregan una mayor confiabilidad para la aeronave como para el control del tráfico aéreo.
Lo que se busca es conseguir en cada aeropuerto o aeródromo una dinámica de gestión de tráfico aéreo, con la intención de hacer más eficientes el uso del espacio aéreo especialmente en las áreas terminales (TMA).
Una de las principales mejoras es la implementación del programa de gestión de flujos en el aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago, permitiendo una circulación más ordenada, expedita y a la vez económicas de las aeronaves que llegan o salen del principal terminal aéreo del país. Este programa busca lograr un equilibrio entre la demanda y la capacidad del aeropuerto en beneficio directo de los operadores aéreos.
En lo que respecta a vigilancia del espacio aéreo nacional, la autoridad aérea avanzó en un estudio de factibilidad para incorporar tecnología en la vigilancia en la zona entre Puerto Montt y Cochrane, el que se espera sea implementado durante el presente año (2014).
En 2013, se instaló el sistema de visualización TOPSKY ATC 6.4 en reemplazo del Eurocat C el cual incorpora una alarma adicional que alerta al controlador cuando una aeronave se desplaza verticalmente respecto a la senda de planeo. Esta nueva alerta está disponible el Centro de Control del Área de Santiago (ACC Santiago) y Centro de Control Oceánico (ACC Océanico).
El año pasado se iniciaron también las gestiones para adquirir nuevos sistemas de visualización para los Centros de Control de Puerto Montt (ACC Puerto Montt) y Punta Arenas (ACC Punta Arenas), además del Control de Aproximación de Cerro Moreno (Antofagasta), Diego Aracena (Iquique) y Carriel Sur (Concepción).
Como parte del plan de mejoramiento de la navegación aérea y los sistemas de control, 15 torres de control de aeropuertos y aeródromos de Chile cuentan con Franjas de Progreso de Vuelo Electrónicas (FPVE). Las últimas estaciones aeronáuticas que incorporaron este sistema son Mataveri (Isla de Pascua), Pichoy (Valdivia), Cañal Bajo (Osorno) y Balmaceda.
En el mediano plazo, se espera que las mejoras implementadas hagan que Chile cuente con un espacio aéreo en sintonía con las recomendaciones de OACI. El objetivo es obtener una mayor integración operacional, homogenización de los sistemas y un aumento de la vigilancia a través de la cobertura radar y tecnología de última generación.
El espacio aéreo de Chile es uno de los más extensos del mundo. Cuenta con una superficie de 31,9 millones de kilómetros cuadrados con dimensión tricontinental que abarca a América, Oceanía y la Antártida. La totalidad del espacio aéreo está cubierta con una vigilancia radar y tecnología satelital entregando una seguridad completa a todas las aeronaves y a sus pasajeros.
