Durante los últimos varios vuelos de KLM han operado con Boeing 777-200ER/-300ER en lugar de los tradicionales B787. El motivo es el descubrimiento de problemas de mantenimiento en los aviones obligando a la compañía a detener a parte de la flota.
Si bien son siete aviones paralizados temporalmente, se trata de un problema no menor considerando que parte de la operación de KLM está sostenida con los B787. Actualmente, esta flota está conformada por 24 B787 de los cuales 13 son B787-9 y 11 B787-10. Prácticamente, estos aviones representan casi la mitad de la flota de largo alcance de la compañía.
Para KLM, el B787 es estratégico. Gracias a su capacidad de transportar a casi 300 pasajeros en rutas de larga y ultra larga distancia y su bajo consumo de combustible, el avión es una herramienta para atender rutas intercontinentales de menor demanda. Por lo tanto, la detención de la flota genera una serie de inconvenientes.
Problema al descubierto
La paralización de los B787 responde al descubrimiento de KLM que sus técnicos en mantenimiento no habrían seguido los procedimientos establecidos. Específicamente, el inconveniente se presenta en un componente para el suministro de combustible.
Si bien la aerolínea señala que el problema no afecta al vuelo, si ordena revisar los aviones. Como resultado, siete B787 quedan inmediatamente fuera de vuelo el pasado sábado 04 de mayo afectando a 650 pasajeros. La medida afecta a vuelos a varios destinos como Chicago (ORD), Ciudad de México (MEX) y Portland.
“Aunque no existe ningún riesgo de seguridad, las siete aeronaves permanecerán en tierra y se someterán a mantenimiento acelerado”, afirma KLM.
Gestión proactiva
Pese a ser un número importante, la detención no programada de los B787 por parte de KLM no ha tenido un impacto significativo entre los usuarios. Esto, responde a la actuación rápida de la aerolínea en reubicar a los pasajeros en otros vuelos disponibles y gestión de flota.
Además, KLM ha reubicado capacidad transfiriendo algunos B777 a las rutas asignadas a los B787. Por ejemplo, en la ruta a Buenos Aires (EZE) – Santiago, se opera con B777-200ER en lugar del tradicional B787-9.
Para KLM, el escenario se transforma en una oportunidad para destacar el servicio a sus pasajeros en sintonía con la promesa que hace a sus clientes. En este caso, el problema es atribuible al operador por lo que le corresponde brindar una solución.
“Siempre que sea posible, se desplegará un avión de reemplazo. Si eso no es factible, se reubicará a los pasajeros en otro vuelo para que puedan llegar a su destino con las mínimas molestias", dice un vocero de KLM.